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Fusión

Sin lugar a dudas se trata de la fase más espectacular pero también de la más “invisible”. En ella el metal, fundido a altísima temperatura, se cuela a través de una especie de embudo situado en la parte superior del envoltorio de material refractario y, llenando los espacios que ha dejado la cera perdida, va tomando la forma de la escultura. 
Los moldes de material refractario se encajan en contendores de hierro rellenos de arena, para evitar que las reacciones físicas que provoca el calor del metal rompan el envoltorio; por este motivo antiguamente y hasta tiempos recientes se enterraban en un hoyo. En la parte superior de cada envoltorio de material refractario hay un foro de entrada del metal y otros foros que permiten la salida de los gases de fusión.
Hasta hace unos años el crisol de grafito, donde el metal se lícua, se extraía del horno con una pinzas especiales y se colocaba en el bebedero, por el que se colaba el bronce dentro del molde de refractario. Hoy las innnovaciones tecnológicas permiten realizar manipulaciones menos arriesgadas: el crisol de grafito se coloca en un horno giratorio permitiendo trasvasar el bronce en las cucharas (contenedores específicos previamente calentados) y desde éstas se cuela en los moldes.
Antes el crisol fundía 250 kilogramos de bronce por vez, ahora 500 y en ocho horas es posible colar una tonelada de metal aproximadamente.

Monumento dedicado a los caídos del Arma de Carabineros